El Presidente Chávez comenzó su campaña en Maracay y no por casualidad, la ciudad jardín se convirtió en epicentro de la política nacional, razones históricas y otras referidas a la campaña electoral en desarrollo dieron lugar a un acontecimiento singular, como fue el vibrante discurso sobre el programa de la patria.
Maracay vive una transformación integral, renace con fuerza la conciencia ciudadana de ser la ciudad jardín y ello tiene un significado material, en la mejora del nivel de vida de los ciudadanos, pero también en lo espiritual, como es la propagación de la idea de vivir en comunidad, de ser una comunidad. Ya no hay que decir como el filósofo Agamben “la comunidad que viene”, sino que, la nuestra está aquí.
La realidad se transforma con el trabajo, para los seres humanos, el trabajo y el amor son los grandes reproductores de vida, de vida en comunidad, de vida en la construcción de la comunidad, que también es y cómo podría no ser, en la historia. La ciudadanía es un concepto que se mueve, puede retroceder, como ha pasado, pero que encuentra siempre las rendijas por dónde meterse y abrir campo a una realidad nueva. La ciudad es cultura y la cultura de la democracia es consustancial con el concepto mismo de ciudadanía.
El ciudadano es aquel que se encuentra con el otro ciudadano, algunos se ocupan de la “polis”, de la “cosa pública”, otros no tanto. Es por ello que la democracia participativa que rige nuestro sistema político -en perfecta combinación con la representatividad- contiene los referendos, las consultas, las asambleas de ciudadanos, las elecciones de todo tipo, para que la obra colectiva que ha de ser la comunidad, sea de todos y no en exclusiva de quienes se ocupan de la política.
Es un cambio conceptual que la derecha de nuestro país no quiere entender. Para buena parte de los que integran la Mesa de Unidad Democrática y que tienen un candidato “de cuyo nombre no quiero acordarme”, como diría el Quijote, conciben la política como acción de elites y no en la dirección de ir construyendo comunidad.
Empero, esos ciudadanos caminan y andan en sus automóviles por calles y esas calles hay que cuidarlas. Es por eso que, aquí en Maracay, gracias al presidente Chávez se cuenta con una moderna planta procesadora de asfalto. Si, para tapar huecos, porque los huecos no se tapan solos y requieren de asfalto y esfuerzo humano, de trabajo.
Esta planta de asfalto tiene capacidad para producir mil doscientas toneladas diarias y 144 filtros que retienen la emisión de partículas con mínima afectación del ambiente.
Con la potencialidad que tiene esta planta para producir diariamente, es posible mantener trabajando las 24 horas del día a nueve cuadrillas. Esos humildes y abnegados trabajadores que no pueden ver un hueco, porque corren y lo tapan.
¡Que falta mucho! – Sí. Pero las largas marchas comienzan con el primer paso. La ciudad ha vuelto a ser ciudad y sus ciudadanos son patriotas.
Roy Daza