No solo el mundo diplomático se halla consternado por el asesinato de la que había sido recién nombrada Embajadora en Kenia, Olga Fonseca, el pasado 27 de julio, apenas doce días después de haber llegado a ese destino, sino toda Venezuela. Al mejor estilo de una novela de Ágatha Christie, los intríngulis de una trama macabra, por así decirlo, han comenzado a develarse. Yo misma, al principio, creí lo que informaban las primeras noticias que llegaban de esa nación del este de África, pero a medida que ha pasado el tiempo comienzo a entender los entretelones de una trágica y absurda realidad que desemboca en la muerte ya mencionada, que deja muy mal parada la diplomacia chavista. Antes, sin embargo, revisemos algunos aspectos básicos de este truculento suceso.
Olga Fonseca fue una funcionaria de carrera con más de 33 años de experiencia en el Servicio Exterior Venezolano. Nacida en el estado Portuguesa, había desempeñado importantes cargos dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, como el de Ministra Consejera en la embajada de Venezuela en Cuba, en 2004; el de Directora General de Política Internacional de tal ministerio para Asia, África y Oceanía, en 2005, y más recientemente, el de Ministra Consejera en Comisión, Encargada de Negocios Ad Interum de Venezuela en Kenia; misión para la que había sido designada según Gaceta Oficial No. 39.956 del 12 de julio del presente año (NotiActual, 28-07-2012). Con tales antecedentes, parte para el continente africano con ciertas aprehensiones relacionadas con la situación que se encontraría al llegar a Nairobi, pues antes de su arribo a la capital keniana, el exembajador Carrillo Silva había abandonado el cargo y había sido acusado de cometer actos lascivos contra empleados locales de la embajada, por los cuales podría cumplir una pena de catorce años, extensiva a veintiuno en caso de existir hechos agravantes (Álbinson Linares, en: Últimas Noticias, 05-0-2012). Adicionalmente se decía que el primer secretario, Dwight Sagaray, al quedar acéfala la embajada, había tomado absoluto control de ella, mudándose a la residencia oficial donde fuera encontrada muerta la embajadora Fonseca (y de la que no querría salir a pesar de no corresponderle con la presencia de esta), administrando el personal, la valija diplomática y todos los asuntos inherentes a las funciones que dicha misión diplomática exigía; todo en compañía de un amigo íntimo keniano (Laura Weffer Sifuentes, en: Últimas Noticias, 09-08-2012).
Tomando en consideración estos antecedentes, según se entiende de las averiguaciones que ha hecho la policía keniana, los empleados que habían acusado a Carrillo Silva, habrían sido coaccionados por Fonseca para retirar la acusación, ante cuya renuencia, la citada embajadora habría recurrido a un bufete local de abogados para proceder al despido de los mismos. No obstante estas afirmaciones, se ha dicho que el posible móvil del crimen fue la lucha por el poder que venía dirigiendo Sagaray desde antes de la intempestiva salida del exembajador Carrillo, la cual se agudiza cuando se niega a reconocer la autoridad de Olga Fonseca. Más allá de esto, habrá que esperar el resultado de las pesquisas pues lo contrario sería caer en el terreno de las especulaciones. Justo por eso, de lo que hablaré aquí, es del lamentable proceso de destrucción del Servicio Exterior Venezolano. Es decir: ¿cómo llega un hombre como Dwight Sagaray a ocupar el cargo de primer secretario en una embajada que se tiene como importante en África?
El cargo de primer secretario que ostentaba Sagaray, es considerado según el Título II, Capítulo I, Art. 25º de la Ley Orgánica del Servicio Exterior vigente (AN, Gaceta Oficial 37.254, de fecha 06-08-2011), como personal diplomático de carrera, y de acuerdo al Art. 28º de la misma ley, para el ingreso a la carrera diplomática se requerirá un concurso público de oposición el cual, según entendemos, nunca tomó Dwight Sagaray. Por otra parte, el Art. 33º establece que antes de cualquier traslado a misión diplomática alguna, el nuevo funcionario de carrera deberá prestar un servicio interno de, al menos, dos años. En el caso de Sagaray, este había sido profesor de inglés en la Universidad Experimental Marítima del Caribe por dos años, y al parecer, de ahí salta a la cancillería por supuestos contactos políticos con el PSUV, en 2009. Por cierto, en el MMRREE nadie lo conocer pues nunca habría ocupado cargo alguno en dicho ministerio (Noticias24, 08-08-2012). Todo esto indica que el ingreso del referido “funcionario” fue irregular al Servicio Exterior, y de paso, estuvo incurriendo en faltas graves según el Art. 71º de la misma ley. Esto nos permite preguntar: ¿por qué no se había tomado cartas en el asunto si la embajada estaba acéfala desde mayo? ¿Resultarán ciertos los rumores de tráfico de drogas con el que se vincula el crimen de la Embajadora Fonseca? Estas y otras respuestas, solo podrán ser conocidas con el tiempo. Mientras tanto, es obvia la descomposición de la representación internacional de nuestro país y así como está nuestro Servicio Exterior, por desgracia, está toda Venezuela. El que tenga oídos para oír, que oiga.
Lucrecia Morales García
Politóloga
lucremorgar@gmail.com
@lucremorgar