Me enteré en el café del señor Antonio, que el negro Morón, como le decíamos cariñosamente quienes lo conocimos de años, había muerto de un infarto. La noticia corrió como reguero de pólvora y la manifestación general era de pesar. ¿Cómo no serlo? Desde joven al negro Morón era frecuente verlo en la Av. Miranda en diferentes actividades en procura de sustento. Dicharachero, hombre fanático de los Tigres y conocedor de su Maracay. El negro Morón, fue un personaje popular afectuoso con quienes los saludaban y verlo parado en algunos de los negocios de la Miranda, casi siempre a la espera del encuentro entre cafeteros, quienes gustosamente, de diferentes formas colaboraban con este personaje de ojos vivaces, alto de estatura, flaco de contextura y conversador de temas triviales; pero sanos. ¡Se fue el negro Morón! Era el comentario por donde pasaba. Recuerdo que cada vez que nos veíamos solía echarle broma: ¡Negro, bríndame el cafecito! Apenas oía mis palabras. Sus ojos se abrían vivaces, se metía las manos en el bolsillo del pantalón y moviendo la cabeza hacia los lados me respondía ¿De dónde? Casi siempre terminábamos tomándonos nuestros cafecitos juntos. Fueron muchos años conociendo al negro, jamás lo vi envuelto en problema con ninguna persona, siempre andaba pobremente vestido, pero arreglado; con su gorra de pelotero y paseando por la misma zona. En los años que tuve tratándolo, jamás me pidió dinero. Cuando hablamos de familia fuimos muy escuetos en el tema. La semana pasada, entré al negocio del señor Antonio, frente al núcleo de la Universidad Bolivariana, para el cafecito y me encontré con el amigo. ¡Epa negro! ¿Cómo está la vaina? Siempre sonreído con periódico doblado en mano, presto a salir del negocio “aquí dando una vueltica”, fueron sus palabras. El cafecito, no se hizo esperar; sólo que esta vez, era yo el de la prisa y no tuve la oportunidad de jugarle broma como era la costumbre. Hoy me enteré de su muerte. Lamenté bastante su repentina ida e iba recordando sus últimas palabras en nuestro encuentro “Aquí dando una vueltica”. Bueno negro, no más cafecito en la tierra; nos queda la posibilidad de otros más, cuando Dios lo disponga. ¡Se fue el negro Morón! ¡Qué vaina! Era el comentario. Descansa en paz muchachote y, sin la menor duda, te echaremos de menos en la avenida Miranda de tu querida Maracay.
PABLO ULISES GARCÍA PÉREZ