La disciplina revolucionaria es un ordenamiento interior que proviene de la capacidad innata de los saberes de los pueblos en la búsqueda de su liberación y redención. La actitud sublime del soberano y su amor por su Comandante, demanda especialmente de sus dirigentes más paciencia, más constancia y más trabajo para construir la patria socialista. La sabiduría popular distingue en estos tiempos de revolución los actos emanados del capricho y la indisciplina que nos ofrece el deseo puro del egoísmo y del personalismo por el poder; incluso en esta transición, nuestro pueblo ha dado suficiente muestra de madurez ante los sacrificios, desafíos y pretensiones del que esta cualidad amorosa, espiritual y sentimental ha sido fundamental en la conexión entre el pueblo patriota con su liderazgo bolivariano.
La primera de éstas, es referente a la disciplina, tomando como ejemplo igualmente a nuestro líder, quien se encuentra, él lo ha comentado, asumiendo una disciplina más rigurosa que la que ha mantenido durante toda su vida “he vuelto a ser cadete” ha dicho. Pero siendo más específico, me refiero a la disciplina revolucionaria, que debemos fortalecer dentro de las fuerzas revolucionarias y en el poder popular, en general.
La disciplina no es más que la capacidad de actuar ordenadamente para conseguir un objetivo; pero la disciplina revolucionaria, va más allá, nace del propio pensamiento del individuo revolucionario, pero se activa a partir del objetivo colectivo. Es decir, debe ser la línea de conducta acordada por todos los miembros de ese colectivo, asegurando el cumplimiento estricto, entre su teoría y su práctica, para la consecución de los objetivos planteados en un plan estratégico determinado.
Un buen revolucionario o revolucionaria, debe ser disciplinado (a), cultivar la humildad, la madurez política; ir incluso, en algunas situaciones, en contra de lo que nos provoca, sacrificando el deseo instintivo y dando cabida al razonamiento profundo al que conduce el análisis situacional. Pero no confundamos el ser “disciplinado” con ser “borrego”, también la disciplina revolucionaria exige el derecho a la comprobación y a la crítica constructiva. Por eso es, disciplina revolucionaria en lo individual y en lo colectivo.
Debemos avanzar con más contundencia; ya que las luchas venideras se perfilan con grandes dificultades, quizás más duras que las vividas hasta ahora, porque es la verdadera confrontación entre el capitalismo y el socialismo; vamos a la profundización en la lucha por la autentica libertad y soberanía de nuestra patria.
Estamos en la cumbre de la confrontación de dos sistemas antagónicos: Capitalismo y Socialismo. Uno es muerte, el otro es vida; uno es destrucción, la otra construcción; no existen puntos medios, no hay espacio, entre éstos para grises ni pardos; no hay “tercera vía”: o vamos al humanismo, a la salvación de la humanidad, o vamos a la barbarie.
El presidente Chávez ha sabido interpretar la sabiduría y sencillez de nuestra gente y de más millones de seres humanos en otras latitudes que perciben su condición de profeta de estos tiempos. CON CHÁVEZ Y TAREK GANAMOS OTRA VEZ
YOLY VALERO
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