Entre Vargas y Carujos

Fecha Viernes, 12 marzo a las 00:00:00
Tema Opinión

Vista desde sí misma, la tierra parece plana, pero desde el espacio resulta que es redonda. Visto desde el llamado "proceso revolucionario" parece como si el país avanzara linealmente hacia el futuro, pero observado desde la perspectiva histórica, Venezuela está regresando al pasado. Es decir, creyendo que se dirige al futuro, en realidad se devuelve, porque avanza en círculos.

Entrados en el siglo XXI, hemos regresado políticamente al siglo XIX. El enfrentamiento entre la civilización y la barbarie tiene hoy en día plena vigencia. De nuevo presenciamos el conflicto entre Vargas y Carujo, entre Santos Luzardo y Doña Bárbara, símbolos humanos de una confrontación real e histórica entre la violencia y la razón, la fuerza y el derecho, la civilización y la barbarie.

Dos de nuestros más destacados escritores, Rómulo Gallegos y Mariano Picón Salas, han reseñado ese conflicto, rompiendo ambos esa maldita costumbre que practican con fingida inocencia algunos testigos oculares del acontecer político, que miran pero no ven, escuchan pero no oyen, saben pero no hablan. Ambos denunciaron la decrepitud moral de quienes se convierten en cómplices, por acción u omisión, de los delitos cometidos contra la nación, sus instituciones y sus ciudadanos, por dictadores y autócratas, que fingen cultivar ideales que no practican. Picón Salas en varios ensayos y Gallegos en sus novelas -y en especial en Doña Bárbara- plasman libelos acusatorios contra esa vieja costumbre caudillista que reaparece en nuestra historia cada cierto tiempo y que hoy ha vuelto a hacerse cuando se creía erradicada.

Los dictadores y autócratas no llegan solos, pues todos han tenido sus Mujiquitas, por lo general egresados, aunque no formados, en la Universidad, lacayos pagados con el uso y abuso de los dineros públicos, traficantes de la dignidad, la libertad y la justicia. Cada uno de los dictadores y autócratas ha tenido, en su momento, sus mujiquitas, pero tarde o temprano el pueblo encuentra su José María Vargas o su Santos Luzardo, hasta que llegue el día, que ojalá sea ahora, en que José María Vargas y santos Luzardo se hagan pueblo, encarnados en miles de ciudadanos anónimos, sin héroes individuales, sino grandes concentraciones humanas que recorran todas las calles de todos los pueblos y ciudades de Venezuela tremolando en sus manos banderas amarillas, azules y rojas, para que nadie en particular pueda pasar, envuelta en una candidatura presidencial, su recibo de honorarios por "los servicios prestados".

Nadie puede cuidar la dignidad y soberanía del pueblo mejor que el pueblo mismo.

No debemos olvidar las lecciones de la historia vivida, ni creer que Bolívar pueda reencarnar, porque si para defender nuestra dignidad como nación necesitásemos un héroe sería la prueba evidente de su fracaso. Bolívar vive en la conciencia y en el alma de los hombres libres y honestos que desde cualquier posición, pública o privada, contribuyen a construir una patria más justa y solidaria. Enterremos sí en el olvido a los Mujiquitas y Carujos, de antes y de ahora, en el cementerio del olvido y de la dignidad, para que nunca más vuelva a gobernar a este país un dictador o un autócrata.

Bolívar vive en el alma colectiva del pueblo. Bolívar es el pueblo todo en defensa de su dignidad.






FERNANDO CHUMACEIRO



 








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