Transitar por las calles de Maracay en calidad de peatón ó de conductor se ha convertido en una cuestión de supervivencia, toca hacer malabares para no ser víctima de un accidente ó de provocarlo, al pésimo estado en que se encuentra la malla vial de la ciudad, llena de huecos no sólo en sus importantes avenidas, como la Bolívar, Miranda, Santos Michelena, Páez y ni que decir de la avenida Constitución, que conduce a al centro de la ciudad.
Esta vía urge el tapado de huecos – por lo menos- la pavimentación del tramo que se encuentra descorchado, teniendo en cuenta su alto tráfico vehicular, sino también en las vías locales ó internas de los barrios y urbanizaciones, al que se le suma la falta de autoridad y personal del tránsito para poder regular el tráfico, que en horas pico puede llegar a hacer desesperante, generándose trancones monumentales dignos de una ciudad como Maracay.
Esto sin contar con el fenómeno de motorizados y ciclistas que además de impactar negativamente en el entorno visual y auditivo de la ciudad, es uno de los responsables de los altos índices de accidentalidad, en virtud a que aprovechando su espacio, los conductores cometen todo tipo de infracciones, montándose a los andenes, pasándose por los separadores, invadiendo el carril.
Las busetas de servicio público también contribuyen con su cuota en el caos, pues recogen a los pasajeros en cualquier lugar sin respetar los paraderos de los buses, aumentan y disminuyen la velocidad de acuerdo a la cantidad de pasajeros y al tiempo para llevar a cabo el recorrido, las personas que manejan bicicleta y buhoneros quienes manejan transporte de tracción de sus mercancías, son los campeones de la imprudencia.
Los primeros se creen dueños absolutos de la vía y los segundos se creen con el derecho de parquearse en cualquier lugar que se les antoje. Mención aparte tienen los taxistas, que además de ser poco amables con el usuario, se vuelan los semáforos, no hacen las escuadras, exceden la velocidad y ni que decir de los improvisados y constantes cierres de las arterias más importantes, en días hábiles por trabajos en las vías, donde luego dejan los escombros por meses.
Todos los anteriores males son producto de la falta de planeación y autoridad de la Alcaldía de Maracay. Como consecuencia del ineficiente transporte público, los ciudadanos se han visto abocados a comprar motos, algunos las usan para usufructuarse de ellas con el mototaxismo y otros para transportarse y otros han comprado vehículos, aprovechando el boom de ofertas y facilidades de crédito y plazos para adquirirlos, y todos ruedan sin Dios y sin ley en una ciudad que se quedó sin vías, no hay calles para tantos carros y motos, y las que se proyectan hacer se demoran y serán insuficientes.
Pero quizás la peor parte de este problema de movilidad, radica en la ciudadanía, no tenemos educación, nos hace falta cultura ciudadana, mientras no tengamos conciencia que el respetar las normas de tránsito son para preservar nuestras vidas continuaremos en este caos.
Para la muestra un botón, trate de movilizarse por las calles céntricas de la ciudad y verá, que las calles y el espacio público, por donde deberían transitar libremente peatones y vehículos, se encuentran completamente invadidas por los trabajadores informales con de ventas de todo tipo y encontramos vehículos parqueados en los andenes ó sitios prohibidos, ó conductores conversando desde los vehículos en medio de la calle, obstaculizando el paso.
Es imperioso y urgente que se tomen las medidas necesarias por parte de la administración municipal a través de sus Secretarías de Tránsito, Obras y Planeación, para hacerle frente a este problema que desbordó las proporciones y la capacidad de reacción y acción de las autoridades, poniendo de manifiesto una vez más nuestro poco sentido de pertenencia con la ciudad y el desacato intencional y descarado de las normas de tránsito.
Zenair Brito Caballero
britozenair@gmail.com