Este articulo pertenece a la edición del dia 20 de Noviembre del 2008. Ver la edición de hoy

Boxeo, su historia

Ultiminio Ramos: La muerte en el boxeo a los 15 años de edad (IV)

20.11.2008

Juan Manuel Vázquez.- ¿Fue una victoria amarga haberle arrebatado la corona y la vida a Davey Moore?
-Se siente. Todo es duro. Hasta un triunfo lo es porque no todos tienen la dicha y la oportunidad de saborearlo. Además, hay un derrotado, pero a veces se pierde y sirve más que todas las peleas, así es el deporte. Porque como dije, nos parecemos mucho, pero todos somos iguales. Cuántos peleadores hay y cuántos han sido grandes.
“Compare nada más el combate del difunto Davey Moore, vea los de los demás y se dará cuenta que no es lo mismo. Observará a Moore como era, un toro. No fue como, por ejemplo, Pintor, que con el golpe que le dio a su contrario -Johnny Owen en 1980-, ya cayó muerto, desparramado, esas son cosas diferentes.
“Lo mismo que sucedió y pasó con Daniel Aguillón. Esa fue cosa del destino, fue un golpe muy lindo y certero”.
-¿Cuándo ve estos percances sobre el ring, le vienen a la memoria los episodios que usted vivió?
-Sí, cómo no, vienen todos y es cuando uno responde por qué pasa y sucede esto. ¿Cuántas peleas tiene uno, cuarentipico, y el otro cuántas tiene? 13. Hay que fijarse mucho en esos detalles. Vamos, te voy a poner de ejemplo la pelea de Mantequilla Nápoles con Carlos Monzón.
“Decían: sí, Mantequilla es muy bueno, Monzón es un bruto, más que Mantequilla en el boxeo, pero llevaba más juventud, más peso, más de todo lo que Nápoles no tenía. Qué bueno que no sucedió un drama tan grande... Nada más que acabó la carrera de Mantequilla”, concluye con malicia Ultiminio Ramos.
Alejado de toda actividad relacionada con los guantes, Ultiminio recuerda esa época de la que apenas le quedan algunos vestigios, como este legendario billar donde conversa con la gente del periódico “La Jornada”.
No se queja, “vive del tiempo”, si acaso -insiste- “necesitamos ayuda en el boxeo, no porque uno esté jodido, sino para trabajar, para formar una buena escuela, porque los que levantamos al pugilismo, al final no hemos recibido nada”, sólo eso para un hombre que vino al mundo “a comer perejil”, como insiste.
“Yo, mi champion, he tenido otra gran pasión, además del box... ¡la música!”, y empieza a golpear la mesa mientras canta, como en aquellos años dorados cuando tocaba las congas con el grupo musical “Ultiminio y su Suavesón”.
“Yo soy matancero, mi hermano, y no lo niego. Matanzas tierra profunda ahora me inspiro en ti porque fue donde nací”, canta nostálgico, pero feliz, porque ya cumplió todos sus deseos: Peleó, ganó, bailó, conquistó mujeres.
“Hay que tener ángel para eso”, afirma, y la vida le cobró facturas, pero como dijo aquel sabio de Matanzas (su padre): “No importa que el vulgo me critique si el tribunal de mi conciencia me absuelve”.
(Continúa mañana)


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