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El trabajo, ¿es un mal necesario?


Según dijo el teólogo John Stott: «El trabajo es una consecuencia de nuestra creación a imagen de Dios y no una consecuencia de la caída». ¡Qué aliviador concepto! Ya estaba preocupado porque me gusta trabajar y mucho más si es sirviendo al Señor Jesucristo. Si leemos los primeros tres capítulos del libro de Génesis podemos encontrar vastas pruebas acerca de Dios y su rol como trabajador. No es un trabajador quejoso, sino que se siente satisfecho con lo realizado durante seis días de ardua labor. ¡El trabajo no tiene que ser una labor pesada o un mal necesario para poder disfrutar del tiempo libre!. La Biblia difunde la actitud positiva hacia el trabajo, en contraste a los pensamientos actuales que lo demonizan o lo llevan a latitudes cercanas a la esclavitud. Por supuesto que hay personas adictas al trabajo y hay, lamentablemente, personas que son obligadas a trabajar más de la cuenta. Por otro lado, tenemos en el otro extremo a quienes están desempleados. La crisis los expulsa del sistema. Los empleadores se ponen más exigentes. Pero que no tengas empleo, no significa que no puedas trabajar. Déjame decírtelo de otro modo, es preciso hacer una distinción entre trabajo y desempleo. El hecho de que alguien no tenga un empleo con paga, no significa que sea incapaz de trabajar, que no esté trabajando o que carezca de valor. Muchas veces miramos al trabajo como algo negativo, como castigo divino o como pecado humano. Cuando la verdadera cuestión es la bendición que cada día podamos despertar y trazar una agenda de actividades a realizar. Muchas de ellas requieren del esfuerzo personal y aunque no recibamos una retribución monetaria es un trabajo que nos dignifica como personas y nos identifica con Dios. Al don, al don, al don Pirulero. Cada cual, cada cual, atiende a su juego. Es curioso cómo el apóstol Pablo menciona esto cuando habla de los dones en Romanos 12. Recordemos los versos 6-8 que dicen: «Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría». Estos versículos hablan de un trabajo que dignifica, que lo mantiene ocupado en una actividad específica y que no es rentable. Cada don se asemeja a cada trabajo de Dios. Estas pequeñas actividades nos tienen que animar en momentos donde el empleo escasea y nos quiere hacer sentir unos vagos sin remedio. Pero también nos tiene que ayudar a evaluar el tiempo que dedicamos a trabajar para otros por amor a Dios. Algunas personas hacen una distinción entre «trabajo cristiano» y «trabajo secular». Incluso mantienen un doble patrón de conducta. Con uno se rigen en el trabajo «secular» y con otro muy diferente en el «cristiano», es decir, el proceder en el hogar y en la Iglesia. Sin embargo, debemos mantener un mismo patrón de conducta. «Que tu sí sea sí, y que tu no sea no», ¿te acuerdas? Muchas veces usamos nuestros dones para resolver asuntos que no son relativos a la Iglesia, a lo estrictamente espiritual, pero poseemos esas herramientas que nos permiten resolver problemas de manera efectiva. Está en nuestra esencia, vino impreso en nuestro ADN. Cuando Dios puso a Adán en el Huerto del Edén le dio un trabajo: nombrar a todos los habitantes del jardín, ponerle nombres a todas las plantas y flores y disfrutar de la creación. Incluso le dio una compañera idónea; juntos trabajaron y no se fatigaron... bueno, hasta que llegó la serpiente, que engañó a la mujer, que sedujo al hombre y la historia fue desencadenando hechos que desvirtúan nuestra forma de ver hoy aquel tiempo. El trabajo no es un mal necesario, es un don de Dios. Es una capacidad que nos recuerda de dónde venimos y hacia dónde vamos. Nos hace sentir completos y felices. Nos ayuda a ofrendarnos a los demás sin esperar nada a cambio... ¡Sí! Ya lo dije antes, hay que distinguir entre trabajo y empleo. Y recuerda que el relato bíblico del génesis cuenta que Dios, al séptimo día descansó. «Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora» (Génesis 2:2-3).

¿Cómo puedo conocer la voluntad de Dios para mi vida?

Respuesta: Hay dos claves para conocer la voluntad de Dios en una situación dada (1) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacerlo, no sea algo que la Biblia lo prohíbe. (2) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacerlo, va a glorificar a Dios, y va a ayudarlo a crecer espiritualmente. Si estas dos cosas son ciertas, y Dios todavía no le ha dado lo que le está pidiendo, entonces es probable que no sea la voluntad de Dios que usted obtenga lo que está pidiendo. O tal vez, usted simplemente necesita esperar un poco más de tiempo para recibirlo. Algunas veces, conocer la voluntad de Dios es difícil. La gente quiere que Dios básicamente les diga qué hacer, dónde trabajar, dónde vivir, con quién casarse, etc. Romanos 12:2 nos dice, “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”Dios raramente da a la gente esa información directa y específica. Dios nos permite hacer decisiones referentes a aquellas cosas. La única decisión que Dios no quiere que hagamos, es pecar o resistirse a Su voluntad. Dios quiere que tomemos decisiones que estén de acuerdo con Su voluntad. De manera que, ¿cómo saber cuál es la voluntad de Dios para usted? Si usted está caminando cerca del Señor, y deseando de verdad Su voluntad para su vida – Dios va a colocar Sus deseos en su corazón. La clave es desear la voluntad de Dios, no la suya propia. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4) Si la Biblia no habla en contra de sus peticiones, y si estas genuinamente pueden beneficiarle espiritualmente, entonces la Biblia le da “permiso” para tomar decisiones y seguir a su corazón.



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