
Mercosur y el 7 de octubre
Desde la Sala Situacional
Pensar en lo que debe hacerse después del 7 de octubre, gane Chávez o Capriles, es una obligación, si se tiene una visión de Estado. Hasta ahora, el debate parece girar solamente en torno a las políticas que han creado un sistema seguridad social para los sectores pobres, las llamadas misiones. Al respecto, ya se conoce la posición de los candidatos y las polémicas que se han suscitado.
CAPRILES
Al lado de las misiones, la otra gran política que está sobre le tapete es la integración suramericana, expresada en Unasur y Mercosur. Ambos candidatos anuncian que continuarán en ese sendero. Sin embargo, es muy poco lo que han dicho al respecto. Henrique Capriles se ha limitado a señalamientos muy generales y no le ha dado peso en su campaña electoral al asunto. No se conoce como visualiza ese proceso ni que ritmo está dispuesto a imprimirle.
CHÁVEZ
Por su parte, Chávez, que ha sido unos de los principales promotores en el continente de la integración, tampoco ha mostrado un diseño con las medidas que deben tomarse frente a un desafío de tal envergadura, que obliga a cambios que bien pudieran ser el eje principal de su proyecto para los próximos años: reformas administrativas y financieras, transformación del sistema aduanas, aumento de la competitividad de nuestra producción, adecuación de la cancillería, etc.
ENCUENTRO
El ingreso al Mercosur traza un nuevo horizonte a la nación de magnitudes que todavía no imaginamos. Se establecen las coordenadas para un proyecto nacional que, al fijar al mercado como uno de sus componentes, requiere tanto del sector público como del privado. Pero además, el hecho no se limita a lo comercial, sino que involucra aspectos demográficos, culturales y educativos. Al mismo tiempo, en lo político y social, se abre una nueva oportunidad para el encuentro del Gobierno con las clases medias y el sector productivo. ¿Por qué no se trata el tema en la campaña?
El Socialismo en la Historia
El Socialismo de Allende
En septiembre de 1970 accede Salvador Allende a la presidencia de Chile, con un programa de gobierno, el de la Unidad Popular, basado en el socialismo. Se proponía la UP una transición al socialismo de un país capitalista subdesarrollado, por la vía electoral y democrática. Esto en ruptura con las tesis dominantes en aquel entonces en la izquierda que planteaban la lucha armada guerrillera. La ideología de los partidos de la alianza era de inspiración marxista, incluso los radicales, siendo el partido más moderado asumía “el materialismo histórico y la idea de la lucha de clases como medio para interpretar la historia”.
En el núcleo del Programa de Allende se encuentra el concepto de “Poder Popular”, concebido como la instauración de “un nuevo Estado donde los trabajadores y el pueblo tengan el real ejercicio del poder”, ya que no se trataría de un simple cambio de Presidente sino de cambios que conducirían al “traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, campesinos y sectores progresistas de las capas medias”.
En materia económica el Programa tiene como objetivo reemplazar la estructura existente “terminando con el poder del capital monopolista nacional y extranjero y del latifundio, para iniciar la construcción del socialismo”. Con este propósito se establece tres formas de propiedad (la social, la privada y la mixta). Para la realización de este programa se utilizaron métodos como las nacionalizaciones, la adquisición de acciones de empresas por el Estado y la requisición de unidades de producción paralizadas.
La acción combinada de estas políticas económicas junto a la actividad desestabilizadora del empresariado y el gobierno de Estados Unidos, trajo como consecuencia una altísima inflación y el desabastecimiento. Estos dos últimos fenómenos estuvieron a la base de grandes protestas de calle, que finalmente crearon el clima para el golpe de Estado de 1973, que puso fin al gobierno de Allende y a la transición socialista de la Unidad Popular.
Enfoque
Flash Rojo
EL PSUV TIENE como estrategia ahondar en las divisiones de la oposición. Tiende un puente a Acción Democrática y a Eduardo Fernández, mientras califica sólo a Primero Justicia de golpista. ¿La razón? Están aplicando la primera regla de la propaganda política, que consiste en concentrarse en el adversario principal, en este caso el candidato. En la campaña pasada fue al revés, porque el candidato era Manuel Rosales, más vinculado a Acción Democrática. Aspiran a que una porción de ese electorado se abstenga o vote por Chávez, tal como ya lo registra la encuestadora Ivad.
CHÁVEZ HA OFRECIDO QUE, de ganar las elecciones, hará una apertura y se dejará de lado el sectarismo. Algo así como un diálogo con los sectores productivos y la clase media. También se anuncian encuentros con los partidos políticos, en los que seguramente se conversarían temas como el de la Contraloría, las gobernaciones y la integración del Poder Judicial. Todo dependerá del reconocimiento de los resultados electorales.
MIENTRAS TANTO, se continúa utilizando la técnica del garrote y la zanahoria, y así como ya había ocurrido en La Vega, se creó también una tensa situación en La Pastora. Se insiste en que Capriles no debe ir a los sitios donde es minoría. Pero, ¿no es precisamente allí donde tiene que ir? ¿Para qué son las campañas? EL CNE debe estar más atento a estas situaciones.
Flash Negro
JUAN PABLO GUANIPA Y HENRI RAMOS siguen agarrados de las greñas. En pleno cierre de campaña se han dedicado a discutir por la prensa sobre casos en que sus partidos, AD y PJ, han estado involucrados en corrupción. Uno recuerda los jeeps de Ciliberto, cuando Lusinchi, y el otro revive los reales que Pdvsa le dio a PJ. ¿Quién empezó? Poco importa, pero así no se hace campaña ni se ganan elecciones.
EN MATERIA DE PROGRAMAS, no hay novedad en el frente. Después de todo, el programa de Capriles es similar al que presentó Manuel Rosales en 2006, inclinado hacia el neoliberalismo. Sin embargo, Capriles ha logrando avanzar más electoralmente, con su promesa de mantener las misiones, que Rosales con la tarjeta Mi Negra, por lo que el Gobierno reaccionó y lanzó un retruque que agarró fuera de base a la dirigencia opositora. Hay dos equipos en el campo y, como se sabe, “los rusos también juegan”.
RESULTA INEXPLICABLE que la oposición no haya participado en el simulacro. Por supuesto, no era una votación ni tiene el valor de una encuesta, pero sí era un momento de la competencia electoral en el que se miden fuerzas. Una suerte de partido amistoso, cuyos resultados influyen en el ánimo de los contendores. En las elecciones de de 2010, la oposición participó activamente en el simulacro y quedó muy bien parada. Pero en esta oportunidad se enfrió la maquinaria. Grave error.
Leopoldo Puchi
elepuchi@gmail.com
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