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Reto de todos
Aldabonazo

Quiero votar

Quiero votar porque creo en el voto. Así pensamos los venezolanos en mayoría abrumadora. Sabemos que en las presentes circunstancias una elección perfecta, en óptimas condiciones democráticas, no es posible. En el cuadro actual, sería incluso mucho pedir aun las imperfecciones que tuvieron los nueve procesos entre 1958 y 1998, tan competitivos que solo dos veces ganaron los candidatos del partido gobernante y produjeron cámaras legislativas multicolores, sin mayoría parlamentaria en seis oportunidades. Pero ubicarse en un plano realista del debate político con las restricciones vigentes al funcionamiento constitucional, como han planteado grupos muy sensatos de ONGs sinceramente democráticas, no implica aceptar que abusen de nosotros convocándonos a algo que dista mucho de ser una elección.

Resultado, no accidente  

Es imposible no darse cuenta de la gravísima situación del país, tampoco ser indiferente a su marcada tendencia a empeorar, pues no vemos señales de salida. Para encontrar modos de desbloquear lo que parece una calle ciega, lo sensato es escuchar opiniones bien fundamentadas y analizarlas. Serena y objetivamente. Porque la masa venezolana no está para bollos de fanatismo o prejuicios.

Ser padre

Celebramos el “Día de la Madre” con intensidad merecida. La maternidad es incomparable y más en sociedades como la venezolana donde esa función se profundiza y se multiplica hasta profundidades y dimensiones conmovedoras. El “Día del Padre”, en cambio, es una fiesta menor y lo encuentro paradójico, precisamente porque somos un bien más escaso, lo cual debería estimular la valoración de la responsabilidad paterna, tristemente más infrecuente que la materna. Me emociona ver tantos jóvenes cargando su muchacho, señal de un igualitarismo esperanzador.

Vía correcta

La noticia del acuerdo suscrito por los doctores Carlos Alvarado, ministro de Salud y Julio Castro, asesor en la materia de la Asamblea Nacional, cada uno en ese carácter, para cooperar en el afrontamiento exitoso de la pandemia del COVID-19 es una buena noticia para los venezolanos y un paso, modesto aunque importante, en la ruta que conviene a todos.

Pandemia y vida

Ochenta y seis millones de niños en el mundo a la pobreza a consecuencia del Covid-19, de acuerdo a estudios internacionales. En realidad, ha dicho el Premio Nobel de Economía Robert Schiller que “No existe una pandemia sino dos” y habla de una “economía pandémica” por cómo sus secuelas económicas impactarán nuestras vidas. Y no se trata de poner el dinero antes que la gente, sino que la economía, aunque en ella converjan procesos múltiples y cada uno de suyo complejo, trata finalmente de la satisfacción de las necesidades humanas y la virtual paralización de actividades en muchos países dejará un rastro económico y social.

Incertidumbre

El pensamiento y el sentimiento dominantes en muchos hombres y mujeres de todas partes es la incertidumbre. Sentir que nada es seguro, que no se sabe qué pasará. Con nuestra salud, trabajos, empresas quienes las tienen aunque sea un pequeño negocio familiar. Se ve con incertidumbre nuestro futuro. Es decir, nuestras vidas.

Constitución y constitucionalidad

Nuestro país ha tenido veintiséis constituciones desde la primera y fugaz dictada en 1811 por el Congreso que declaró la Independencia. Y ya habríamos llegado a veintisiete si en el referendo de 2007 el pueblo soberano hubiera aprobado la solicitud del difunto Presidente de cambiarla en el fondo al reformar sesenta y nueve de sus artículos. Implantar luego lo rechazado por vía de leyes, sentencias y medidas ejecutivas, además de antidemocrático, fue desviarnos por una carretera de tierra, oscura y sin señales, con riesgos cuyas consecuencias ya han sufrido los venezolanos. Todos, aunque unos lo sepamos y  otros no.

Constitución Y Constitucionalidad

Nuestro país ha tenido veintiséis constituciones desde la primera y fugaz dictada en 1811 por el Congreso que declaró la Independencia. Y ya habríamos llegado a veintisiete si en el referendo de 2007 el pueblo soberano hubiera aprobado la solicitud del difunto Presidente de cambiarla en el fondo al reformar sesenta y nueve de sus artículos. Implantar luego lo rechazado por vía de leyes, sentencias y medidas ejecutivas, además de antidemocrático, fue desviarnos por una carretera de tierra, oscura y sin señales, con riesgos cuyas consecuencias ya han sufrido los venezolanos. Todos, aunque unos lo sepamos y otros no.

El perdón del valiente

“No tengáis miedo” dijo el Papa polaco con profunda resonancia evangélica. Esa podría considerarse la consigna de Karol Wojtyla, el Pontífice elevado a los altares junto a Juan XXIII, el bondadoso. Ambos, por cierto, autores de grandes encíclicas sociales, porque libertad y solidaridad no están reñidas.

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Al profesor Elio Gómez Grillo lo respeté y aprecié. Largos años dedicado a la docencia, leal a sus ideas políticas de izquierda y consagrado, en la cátedra, los escritos y la lucha cívica a la causa de un penitenciarismo humanista, en lo que sí coincidimos.

Gran venezolano

En este tiempo venezolano de agudos problemas sociales y cuando la producción de alimentos y en general la vida en el campo muestra un panorama tan dramático, es oportuno recordar con reconocimiento agradecido la obra de grandes compatriotas como Víctor Manuel Giménez Landínez en el centenario de su nacimiento.

Credibilidad

“Tengo la impresión de que el gobierno ha manejado con decisión, firmeza y éxito esta primera etapa de la pandemia”, ha escrito el Padre Ugalde en reciente artículo y tiendo a coincidir con él.  La acertada decisión temprana de confinamiento ha sido ayudada por el relativo aislamiento nacional en términos de conexiones aéreas y comercio exterior, así como el miedo al riesgo de contagio en una población que conoce por experiencia la situación de nuestro sistema de salud y en quienes las tienen contratadas, la debilidad de la cobertura de sus pólizas de seguro. Así que es mejor cuidarse. Eso no quiere decir que el peligro haya pasado y, como todos, deseo que logremos superarlo y si me permiten una confesión, rezo porque así sea.

Cadenas

Rafael Cadenas cumple noventa años, la calle silenciosa de esta pausa obligada se hace propicia para esa poesía suya que transita sin prisa por la “ruta de instante”.

Humildad

El gran mensaje del Domingo de Ramos es la humildad. Vale siempre y sobre todo en tiempos como el que vivimos, aquí y en el mundo entero. La pandemia nos unifica en el riesgo porque su amenaza no distingue de nacionalidad o posición social, de poder o de riqueza en una emergencia que nos invita a la prudencia, esa virtud que nunca es sobrante y a la solidaridad porque, como he visto en la cuña de un gobierno extranjero, “Cuidarte es cuidarnos”.

INSTITUCIONES VIVAS

Durante esta emergencia que deseo breve pero temo más prolongada de lo que quisiéramos y necesitamos, no he podido  evitar pensar en la utilidad de las instituciones, esas obras humanas fruto del tiempo, la organización y el beneficio que dan a la sociedad estructura y estabilidad.

Venezuela heroica

El heroísmo venezolano se expresa en una madre, muchas veces sola que se faja trabajando en la calle para mantener a sus hijos y aunque esté muerta del cansancio, llega a cocinarles y acostarlos y se para a oscuras para que se vayan a la escuela con el desayuno. Un padre que sabe que la paternidad no es solo procrear, sino una responsabilidad de apoyo, afecto y buen ejemplo y la cumple con la naturalidad que le nace en conciencia. Los he visto, sobre todo jóvenes y me emociona.

Pesimista esperanzado

El paréntesis del coronavirus pone en pausa el debate nacional y nos recuerda, dramáticamente, el destino común, ese dato tan obvio como subestimado, si no soslayado en los climas de altísima polarización, acerca de cuya causalidad no insistiré porque mi opinión al respecto es más que conocida y ahora no viene al caso. Acaso esta atmósfera coyuntural nos ayude en la reflexión que propongo.

Gps democrático

La solución política a la grave crisis venezolana pasa por la convocatoria a unas elecciones libres, limpias, en condiciones aceptables para todos los competidores. Ese proceso requiere de un árbitro. Éste, por definición, no puede ser jugador de ningún equipo. ¿Aceptaría el Caracas un umpire del Magallanes? ¿Sería lógico que el Barcelona pusiera el árbitro que pitará el juego con el Real Madrid? Con más razón en la justa electoral, y máxime en las que tenemos por delante, donde tanto hay en juego.