Cierre que avergüenza

Cierre que avergüenza

|| Ramón Guillermo Aveledo

Me entero, con naturales tristeza y preocupación, del cierre de la unidad de cuidados intensivos del Hospital J.M. De los Ríos, el centro de atención médica pública para niños, niñas y adolescentes más importante del Área Metropolitana de Caracas. Desde hace tiempo vienen advertencias, quejas, reclamos y protestas de padres y madres de pacientes, la gente útil de Prepara Familia, médicos y trabajadores de esa institución inaugurada como Hospital Municipal de Niños en 1936, mudada de su ubicación original en la esquina de Pirineos al edificio de San Bernardino en 1958. Su epónimo, desde 1943, es el galeno valenciano José Manuel De los Ríos (1826-1914), considerado precursor de los estudios de pediatría aquí, porque no hay Venezuela de la “revolución” para acá.

Inseguridad de pacientes, familiares, y de todo el personal hospitalario; deterioro de instalaciones, equipos que faltan o no están en condiciones de funcionamiento, insumos y fármacos escasos si no ausentes, sin contar los problemas de agua y electricidad. Es decir, como cualquier lugar de la ciudad y en las regiones es mucho peor. Caracas da el efecto vitrina del cual se cuida la propaganda del grupo en el poder. La Corte Interamericana de Derechos humanos ya había dictado cautelar en 2018 en protección de los derechos de los niños pacientes de nefrología. Ninguno de estos antecedentes atenúa el impacto de la noticia reciente. ¡Es el hospital de niños de la capital, por Dios! ¡Es vergonzoso!

La crisis de los servicios de salud es uno de los rostros más dolorosos y alarmantes de la ancha y profunda crisis nacional y debemos contarla entre las principales motivaciones de la emigración de compatriotas. La caída drástica en el gasto público en el sector que ya se prolonga por varios años, ha acentuado las diferencias en la sociedad venezolana, aunque ya son muy pocos los que tienen ingresos suficientes para acometer el nivel de egreso que exige un tratamiento o una cirugía, ni siquiera de las más graves, y las pólizas de seguro no alcanzan para cubrir casi nada cuando el valor de la moneda nacional está deshecho.    Uno de los problemas mayores que con insistencia han venido denunciando los ex ministros Oletta, Orihuela y Walter, es la irregularidad, por usar la expresión menos alarmante posible, en las vacunaciones.

No hay modo de restar importancia al caso, síntoma visible de una emergencia ante la cual la indiferencia es imposible.

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