Vía correcta

Vía correcta

|| Ramón Guillermo Aveledo

La noticia del acuerdo suscrito por los doctores Carlos Alvarado, ministro de Salud y Julio Castro, asesor en la materia de la Asamblea Nacional, cada uno en ese carácter, para cooperar en el afrontamiento exitoso de la pandemia del COVID-19 es una buena noticia para los venezolanos y un paso, modesto aunque importante, en la ruta que conviene a todos.

Como ciudadano de este país nuestro, de esta nación querida que padece por los cuatro costados, recibo esta novedad con una cautelosa alegría que es animada por la esperanza, máxime cuando viene en seguida de dos de signo radicalmente contrario. Una las sentencias de la Sala Constitucional del TSJ, hijas del 5 de enero que no se quiso rectificar; otra la insistencia o contumacia oficial en usar para el necesario subsidio al combustible una medida difícilmente sostenible generadora de corrupción.

No falta quien desconfíe y por la experiencia vivida es lógico, pero tampoco estamos solos quienes ofrecemos acogida prudentemente favorable, ni aquí ni afuera. Es de destacar la positiva reacción de la comunidad internacional, como vemos en declaraciones del Secretario General de la ONU, el alto representante de la Unión Europea y el vocero del Gobierno norteamericano.   

Pero el hecho es que como había solicitado la Conferencia Episcopal Venezolana, así como sectores de la sociedad civil y ciudadanos individuales entre los cuales me cuento, hay un compromiso público de cooperación en un tema de claro interés social, indicativo de que la política debe estar subordinada a la construcción del bien común. Es su razón de ser y caro pagan los pueblos cuando sus gobernantes o representantes lo pierden de vista.

Como se sabe, no soy imparcial en la grave diferencia  política entre venezolanos que ha pasado de debate a conflicto por la tan terca como miope visión unilateral. En una sociedad no se puede prescindir del otro, ni ignorarlo o subestimarlo. Esa es la gran virtud de la democracia, sistema con muchos defectos pero con la inmensa ventaja de permitirnos convivir y resolver nuestras discrepancias libre y pacíficamente.

Sin estar informado en las interioridades del acuerdo y del proceso infiero que a una declaración como la suscrita no podría haberse llegado sin la anuencia de Juan Guaidó y Nicolás Maduro y esa participación me parece, de por sí, un hecho de la mayor relevancia. Como tal lo saludo.

Ojalá se siga por esa vía correcta, porque queda muchísimo por resolver.

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